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domingo, 29 de septiembre de 2013

Every teardrop is a waterfall

Fue una sensación extraña. Me desperté y miré el reloj; eran sobre las 11 de la mañana. Desde mi cama podía escucharse claramente el sonido de las gotas golpeando el suelo, cada vez más rápido y haciendo más ruido. No quería volver a empezar otra vez, otro invierno frío, otros domingos en casa sin querer volver a salir nunca más. No más historias de amor ni cuentos fantásticos con finales felices. Abrí la persiana, el cielo estaba totalmente encapotado, no podía distinguirse nada entre esa espesa niebla. Quizás todo eso representase bastante claro todo lo que se refería a mi. Ni salida ni entrada. Demasiado tarde, o demasiado temprano quizás; no lo sé. Miro el teléfono con algún tipo de esperanza a que algo me haga empezar bien el día y me salve del caos; nada. Está claro que será un mal día. Mi subconsciente repite una y otra vez:
-Hoy no te olvides de respirar-
y a duras penas yo le hago caso, aunque realmente mi pensamiento vaya en contra de todo eso. Salgo de la habitación fingiendo estar dormida y con pocas ganas de hablar, a pesar de que solo sea cierto la segunda parte. Mi mente no deja de recordar sus palabras aquel día. ¿Qué había hecho tan mal? Todavía sigo sin recordar cuando llegó la sensación de que nada era como antes. Tampoco sé si nos hemos confundido esta vez, si todo nos saldrá bien o si nos rendiremos antes de intentarlo. Sé que tengo que cambiar, que necesito volver a ser como antes. Necesito encontrar la manera de volver atrás, de arreglarlo todo. Y últimamente, he llegado a pensar de que a lo mejor tan solo tú puedes ayudarme a hacerlo.

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