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viernes, 25 de octubre de 2013

I never hit so hard in love

Que me cansé de esperar, pero te sigo esperando, y es entonces cuando odio que la esperanza sea la última en abandonarnos. Me sé de carrerilla las excusas que pondrás para llegar tarde. Luego dirás que perdiste el tren. No vendrás. Yo me quedaré con la cafetera medio llena y el paquete de tabaco medio vacío. Aborrezco esa parte de mí que es más tuya que mía, y es que además esa es la parte más bonita que tengo. Mira que había precipicios en el mundo, y tuve que ir a parar al de tus ojos. Ya no recuerdo cuántos lunares tenías en el cuerpo; ¿5,4,3,2,1? Es como una cuenta atrás que no termina en nada. Creo que tenías 7, el número de la buena suerte para aquella que te los esté contando ahora. Si cierro los ojos aún te veo, de espaldas, sentado en aquel bar, de fondo sonaba "Soldier on" de los Temper Trap. No sé a qué estuvimos jugando mientras hacíamos como si fuésemos a salvarnos. Y por entonces comprendí que algunos juegos se parecen más bien a una guerra mundial. Y aquella vez eclosionó un mundo en el que nosotros éramos los únicos habitantes. Han quedado un montón de ruinas-cartas de amor, conversaciones en WhatsApp de madrugada, promesas de viajes que nunca hicimos, recetas para la soledad que han caducado-. No hay tiritas para esas heridas ni suficientes ojos bonitos en el mundo para olvidar que, los tuyos, tus ojos, fueron los únicos que supieron quedarse en mis cicatrices el tiempo suficiente como para ver más allá de lo que yo nunca supe enseñarle a nadie. No llamaste a la puerta, entraste directamente y te sentaste a mi lado. Querer no sé si me quisiste, pero me salvaste más de lo que nadie, jamás, me había salvado. Y aún me estremezco cuando pienso en esa gente que habla de olvidar como si fuese tan fácil como pasar una página. No se habrán enamorado nunca, supongo.

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