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jueves, 19 de diciembre de 2013

Hope there's someone who'll set my heart free

Me enamoré de ti de la misma forma que suceden las cosas que no tienen mucho sentido. A lo mejor detrás de toda esa necesidad de estar contigo estaba la soledad y aquel frío que lo congelaba y quemaba todo al mismo tiempo. Yo no supe encontrarle más explicación que esa cuesta en la que se había convertido mi vida en los últimos meses. Nunca he creído en la magia, pero de repente me tenías intentando detener el tiempo cada vez que estábamos juntos y lo mucho se volvía demasiado escaso. Realmente sabía dónde me estaba perdiendo, lo que ignoraba era hasta qué punto deseaba no volver a encontrar la salida. Podría idealizarte menos y aprender más de mis cicatrices para no volver a caer en lo mismo. Podría. Pero no sabía jugar de esa forma. Aunque ya nada me importaba, nunca he querido sobrevivir. Hace tiempo que no le busco razones a la tristeza, sólo pretextos que justifiquen por qué no se termina marchando. Pero siempre concluyo que soy yo y mi manía de atarme de pies y manos y lanzarme al río, con la esperanza de que me salve alguien. Pero nunca llega nadie y ya he tragado mucha agua. Habré muerto varias veces entre portazos y distancia. Entre silencios que devolvían el eco de tus últimas palabras y madrugadas que se alargaban hasta donde se terminan los recuerdos. Me he dejado llevar por el sonido de tu risa tantas veces como he despertado queriendo tenerte a mi lado, y no porque fuese demasiado fácil, si no porque sabía que fuera o no lo correcto, allí dónde tú estuvieses yo siempre sería feliz. Y por eso te quise y te quiero más que a nada, porque tus ojos me devolvieron el brillo que habían perdido los míos.