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viernes, 10 de enero de 2014

Take us to the special place we went the last time

No recuerdo qué día o mes era cuando por fin me desperté. Hacía sol, me levanté y me dirigí a la cocina. Abrí la nevera y al cerrarla, me di cuenta de un detalle que antes había pasado desapercibido; una nota. En ella ponía textualmente "María tenemos que hablar". Fue ese en el momento que me flaquearon las piernas y tuve que sentarme rápidamente en la primera silla que encontré. Qué buen despertar.-me dije. Nada podría ir peor, en aquella casa no había rastro de ninguna de mis pertenencias; aunque realmente quise pensar que todavía las tenía, y que no había perdido todas ellas durante ese tiempo. Qué rápido pasa el tiempo cuando no eres consciente de lo que pasa a tu alrededor ¿no? De repente, espantando la tranquilidad y el silencio, se escuchó al otro lado de la puerta las llaves girar en la cerradura. No sé quién esperaba que entrase, sólo recuerdo haberme puesto más en tensión todavía si cabe. Una voz que me sonaba vagamente familiar se coló por todos los pasillos hasta llegar a la cocina. "Maríaa, ¿estás despierta?". No quería contestar, no sabía si sería mejor fingir un suicidio antes que tener que enfrontarme con esa frase de "tenemos que hablar". Pero por una razón inexistente contesté con la voz temblorosa, "sí, aquí en la cocina". Se escucharon pasos venir hacia mi, cada vez más y más cerca hasta que la puerta de la cocina se abrió lentamente. No vi su cara y tampoco su ropa, pero sabía perfectamente quién era por su olor, su forma de caminar y su manera de darme suavemente un beso en la mejilla. Fue ahí cuando me di la vuelta y esbocé una enorme sonrisa, cuánto le había echado de menos.

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